RESEÑA
La intención de este libro es la de prestar testimonio de quien fuera indudable pionera del psicoanálisis infantil en la República Argentina.

Muestra de ello son las reproducciones textuales, manuscritas, de uno de sus casos, en el año 1947, con la técnica psicoanalítica, de un niño de 21 meses.

También cuentan de ello, la correspondencia que existió en aquella época, con Melanie Klein, quien a partir de este caso, le transmite a Betty su especial interés por compartir ideas (así como con Arminda Aberastury, su compañera), lo que se realiza a través de numerosa correspondencia y personalmente, en viajes que efectúa con su esposo Angel Garma.

Nos pareció importante esta modesta presentación, reflejo claro e histórico de la amplia contribución que hicieron los primeros especialistas, pioneros en nuestro país que utilizaron la teoría y la técnica psicoanalítica.

Por ello, digitalizamos el material que presentamos, incluyendo algunas cartas que Betty, madre, escribía en esas épocas, ilustrándolas con dibujos, a su pequeña hija, ahora colega, Carmen Garma.

Corresponde añadir que este libro fue comenzado en compañía de Betty, y luego continuado con Carmen. El Editor cree que la presentación de tapa transmite claramente la calidez afectiva de Betty, importante detalle como persona, también importante como profesional.

Su calidad intelectual está reflejada asimismo, en un capítulo ya editado (Edit. Kargieman, 1992), el que fue generosamente autorizado a publicar por la Editorial respectiva.

Gustavo Imas
CONTRATAPA
¿Por qué escribe Betty?, ¿qué escribe? En principio un mes y una fecha: Agosto 1947. Tiempo inaugural de una práctica en estas tierras que no duda en llamar psicoanálisis de niños.

La decisión de publicar las notas en cursiva, recoge la singularidad de una escritura que lleva la marca propia de una artesanía.

Publicación que quizás pueda relanzar desde el tiempo de un futuro anterior, de un había sido, la cuestión del psicoanálisis con niños, o como prefiere llamarlo Betty, niños en análisis, modo de seguir pensando, construyendo y replanteando los problemas.

Confiar en que el lector acepte el dibujo de la letra manuscrita, es invitarlo a reconocer no sólo lo que el escrito establece en sus enunciados, sino lo que porta en su trazo como lugar de enunciación, de un deseo de legibilidad, buscando quizás la complicidad de ese niño que todos fuimos y en algún lugar seguimos siendo. Podemos leer que lo que despertó la confianza de un niño, fue que el analista descendiera hacia él.